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Del verde al negro no va tanto; un rayo cautivo en la raíz de un pino que sorprende con su aparición al día siguiente, un cigarrillo tirado desde la ventanilla de un coche, unas chispas de una radial en una obra de una casa de campo, una quema incontrolada de rastrojos, un incendio provocado con sucios intereses detrás, etc. El verde de nuestros bosques, de la naturaleza y de la vida generada durante décadas, durante siglos, se puede convertir en cenizas en unas pocas horas.

La realidad es tozuda y además, preocupante. Esta vez le ha tocado a Valencia, aunque estamos a primeros de julio y queda mucho verano como para pensar que ésta va a ser la única desgracia, lamentablemente. Este invierno nos sorprendieron los incendios en el Pirineo y en años anteriores numerosas zonas del arco mediterráneo, del interior (Teruel 2009) o incluso del norte (Asturias, Galicia, etc.). En todos casos los incendios son noticia en televisión con imágenes horribles, a veces con pérdidas humanas y de bienes materiales, rostros ciudadanos marcados por la tragedia, desesperanza, resignación, ira, etc. Cuando se apagan las cámaras, todavía con las cenizas humeando y la noticia se desplaza a otro punto de interés, las promesas políticas se las lleva el viento y vives una segunda tragedia, el desamparo de la administración que supuestamente debe ayudarte. Esa experiencia la vivimos en los incendios de Teruel de julio de 2009 y desgraciadamente se repite en la mayoría de las ocasiones.

Muchas veces hemos escuchado las causas de los incendios forestales (cambio climático, abandono de las actividades tradicionales, falta de presupuesto público, etc.) pero muy pocas veces nos hemos parado a pensar en las soluciones o en qué queremos hacer. ¿Pretendemos otorgar un interés mayor a este problema y arrimar el hombro entre todos (administración y ciudadanos) para resolverlo, o asumimos resignados que esto es lo que hay? Porque este problema no se soluciona con crítica política, ni doblando o triplicando los medios públicos de extinción y restauración de incendios (tampoco se arregla bajándolos, claro). Este problema es mucho más complejo que unas cifras en un presupuesto. Los grandes incendios forestales son el resultado de unas malas decisiones políticas y técnicas (condicionadas por las primeras) desarrolladas durante décadas, acompañadas por la inacción y el desinterés ciudadano ante esas decisiones y ante el propio bosque, un recurso ligado al hombre durante siglos y ahora abandonado a su suerte. Se han podido mejorar las técnicas de extinción y restauración de incendios, pero la administración competente por si sola no puede salvaguardar nuestro patrimonio natural, necesita del apoyo y de la acción complementaria de los habitantes del medio rural, de los propietarios forestales y de las administraciones locales.

La dificultad estriba en el cómo, qué debemos hacer para conseguir aunar intereses y esfuerzos para reactivar las actividades primarias (agricultura, ganadería, silvicultura) en el medio rural y recuperar un equilibrio entre actividad humana y naturaleza que nunca debió perderse. Fomentar el asociacionismo entre la propiedad privada forestal, desarrollar planes de ordenación de los recursos forestales para conseguir una gestión más activa, respetar el bosque autóctono y actuar más intensamente sobre las masas de repoblación, favorecer la creación de PYMES y cooperativas que aprovechen los recursos forestales locales de forma sostenible, apostar por el cambio de calderas de calefacción (gasoil por biomasa forestal), generar empleo público estable, local y de calidad en las cuadrillas forestales con actividad durante todo el año, legislar sobre la protección medioambiental teniendo en cuenta a las actividades agrícolas y ganaderas en la gestión del territorio en vez de arrinconarlas cada vez más, etc.

El Gobierno de Aragón plantea modificar las leyes para favorecer la actividad privada en los montes, ya lo ha anunciado repetidas veces. Desde la Plataforma“Nuestros montes no se olvidan”, valorando positivamente la iniciativa de querer cambiar las cosas, nos preocupan las formas. La renovación inminente de la Leyde Montes y las estrategias de actuación en los bosques para eliminar el riesgo de incendios se plantean como una mera actualización legislativa, desperdiciando la gran oportunidad de abordar un proceso participativo público donde los propietarios forestales y los ciudadanos, junto a los municipios afectados por grandes incendios, los más sensibles a esta problemática porque lamentablemente la han pasado y han visto sus consecuencias, no tengan ninguna voz. No podemos dejar pasar esta oportunidad, todos nos debemos sentir parte del problema y a la vez parte de la solución.

José Manuel Salvador, portavoz Plataforma “Nuestros montes no se olvidan”.

Pd: un cordial saludo, desde el cariño y el respeto, a todos los profesionales que se juegan la vida peleando contra el fuego, en especial a los familiares y amigos que han sufrido la pérdida de seres queridos en esa ardua tarea.

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Los grandes incendios forestales son fenómenos complejos que causan gran alarma en la sociedad, sobretodo cuando se producen irreparables pérdidas humanas. Sin embargo la sociedad, preocupada por los graves problemas económicos actuales o simplemente por desinterés o conformismo, olvida fácilmente el impacto de los incendios.

 En Teruel, los cambios socioeconómicos de las últimas décadas y algunas características del medio físico confieren a la provincia una especial fragilidad frente al fuego y los procesos de desertificación ligados a los incendios forestales.

 Los incendios de 2009 son un claro ejemplo de los riesgos asociados a los grandes incendios forestales. Aunque los efectos de estos incendios ya son inevitables, el análisis y la reflexión sobre lo sucedido hace dos años puede aportar criterios y soluciones para afrontar próximas situaciones de riesgo. 

Dos años después, buena parte de los montes quemados reverdecen en un paisaje dominado por extensas áreas con la madera quemada retirada o apilada. Ambos factores podrían indicar que la restauración está evolucionando positivamente y que sólo es cuestión de tiempo el retorno a la situación previa al incendio. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja y está plagada de riesgos e incertidumbres. 

Tomando como referencia el incendio de Aliaga, el más extenso pero también el que ha causado un mayor impacto ecológico y económico, la situación actual podría describirse someramente en los siguientes términos:

 En nuestros montes el suelo constituye el principal recurso a conservar. Sin embargo, excepto en las zonas llanas o abancaladas, hay evidencias de significativas pérdidas de suelo por erosión laminar.

La composición de la vegetación ha experimentado cambios importantes. La colonización con especies pioneras ha producido una apreciable, aunque temporal, eclosión de biodiversidad. A corto plazo es previsible que la vegetación evolucione hacia tipos de formaciones muy abiertas o ralas, donde la presencia de pinar quedará limitada a los rodales que no se quemaron y a la pequeña superficie ocupada por pino carrasco y pino rodeno (con buena regeneración).

La autosucesión después del fuego de los pinares de pino silvestre y negral (mayoritarios en la zona) presenta serias limitaciones, por lo que su recuperación tendrá que producirse a partir de semillas procedentes de los márgenes o de rodales sin quemar. Sin embargo, no deberían plantearse nuevas repoblaciones (ya se han realizado algunas) sin un consenso previo sobre el uso y los aprovechamientos futuros de estos montes, sobre su composición y su futura gestión. En cualquier caso, deberían realizarse con garantías de alcanzar unos resultados mínimos y asegurando su posterior gestión selvícola.

En los rodales parcialmente afectados por el incendio permanecen árboles muy debilitados, debilidad que constituye un reclamo para la proliferación de plagas. Estos rodales requieren tratamientos específicos, tanto para garantizar su viabilidad como para inducir procesos de restauración pasiva (al igual que en los márgenes del incendio).

Aparentemente no se ha realizado ningún estudio previo para analizar la necesidad y prioridad de las acciones de restauración. Hasta la fecha, las actuaciones están orientadas al tratamiento de la madera quemada. Independientemente de los riesgos o de la severidad del incendio, el criterio utilizado en la selección de las zonas de actuación ha sido la propiedad del suelo (suelo público) y el aprovechamiento de la madera.

Se ha realizado una extensa actividad de apeo de la madera quemada, actividad que también ha ocasionando impactos negativos. Los más severos se producen fundamentalmente en las zonas con extracción total de la madera y son originados en la apertura de pistas (para facilitar la extracción de madera), por accesos inadecuados con maquinaria pesada (con suelo húmedo y en máxima pendiente) y, muy especialmente, por los arrastraderos de troncos, actividades que han movilizado grandes cantidades de suelo.

A nivel socioeconómico los impactos también han sido muy importantes. Pérdidas que no han sido compensadas por la ausencia del prometido “Plan integral para dinamizar económicamente la zona afectada”. Además, ni las actividades de restauración, ni los aprovechamientos de la madera quemada han tenido repercusión significativa en la actividad económica de los municipios afectados.

Los conocimientos adquiridos durante los últimos años en gestión del combustible, predicción de la respuesta de los ecosistemas al fuego o en el desarrollo de técnicas de conservación de suelos, pueden paliar parte de los efectos de los incendios. Pero su aplicación requiere, más que cuantiosas inversiones, objetivos a largo plazo, implicación de las instituciones y de los agentes sociales, una adecuada planificación y la integración del sector forestal en la actividad económica de los núcleos rurales.

 La extensión de los ecosistemas afectados y la escasez de recursos económicos, deberían ser factores determinantes para potenciar la calidad y sinergia, frente a la cantidad (extensión). En áreas tan extensas y despobladas la defensa del patrimonio natural requiere optimizar las inversiones o, por el contrario, habrá que asumir graves y nuevos procesos de desertificación (ambiental y poblacional).

 José Antonio Alloza. Miembro de la Plataforma

INFORME COMPLETO:  Incendios_Teruel

 

Enrique Fantova Puyalto: Director Técnico de Carnes Oviaragón SCL

FARPE ( Federación Aragonesa de Razas en Peligro de Extinción) ha organizado este próximo Viernes 1 de Octubre una charla técnica a las 19:30 en el salón de actos del Recinto Ferial de la localidad de Cedrillas (Teruel) con el tema central de  “¿Que estamos haciendo en la utilización del ganado para la prevención de incendios en nuestros montes?”. Cada verano miles de hectáreas de nuestros bosques aragoneses (en el año 2009 más de 22.000 Ha., la mayor parte en Teruel)  repletas de vegetación seca son arrasadas por el fuego y otras muchas más corren este riesgo. Nuestra sociedad debe de ser consciente del papel que hoy ejerce y que pueden ejercer con una buena gestión en el bosque nuestros rebaños.

Hay que limpiar las toneladas de hierba seca que se acumulan en los bajos de nuestros bosques y que suponen un riesgo de incendio con sus consecuentes graves daños económicos (el Instituto nacional de Estadística (INE) los cifra en 500 millones de euros anuales calculados en el periodo 1995-2008) y medioambientales;  y esta gestión no se puede hacer solo desde un despacho con mapas y teoría; sólo en Aragón tenemos más de 6000 rebaños de ovino, caprino y vacuno que los podemos convertir en autenticas patrullas de limpieza durante los meses claves de mayo y junio en los entornos que se determinen de interés de una forma planificada y voluntaria y con una contraprestación económica al trabajo realizado a la sociedad.

Poco a poco administraciones locales, comárcales, autonómicas y nacionales van dando tímidos pasos en esta dirección.

Hay que reeducar al hombre para el medio rural no solo para la ciudad. Hay que aprovechar ese enorme legado cultural con el que se gestionaba la vida en nuestros pueblos integrando naturaleza, hombre, animales y paisajes.

Debe surgir una universidad nueva que forme a profesionales ingenieros, ganaderos, forestales, agricultores, veterinarios en contacto desde su niñez con las comunidades de hombres y animales que viven de sus tierras y montes.
En estos momentos donde el desempleo está afectando de una forma sangrante a nuestra sociedad, quizás sea un buen tiempo para replantearnos una gestión más adecuada de los montes públicos.

Nadie entiende como cuando un bosque se quema aparecen empresas interesadas por una madera casi gratuita y que un árbol vivo y vigoroso carezca de valor comercial, nadie entiende las políticas de repoblaciones que se llevan a cabo.

Desde las cooperativas, desde las asociaciones que integran a ganaderos, desde las distintas administraciones  podemos revitalizar el medio rural con “el comunal”; estimulando a la gente para que se organice, penalizando el abandono de nuestros campos y montes, apoyando el aprovechamiento de los mismos, preparando a los habitantes de nuestros pueblos para los usos en común.

Tal y como nos recuerda nuestro casi centenario y  sabio Doctor D. Pedro Monserrat Recoder , uno de los maestros más reconocidos de la botánica ibérica y perfecto conocedor del papel del ganado en los bosques y el pasto: “Conviene ser humildes, conocer el estado natural con sus estrategias tan maravillosas, meditar mucho nuestras acciones, y pensar constantemente, casi con pasión, en el mundo que dejaremos a nuestros hijos”, por esto que esta en nuestras manos debemos aprovechar bien esta riqueza cultural heredada. Debemos despertar ya para evitar esta manera suicida de abandonar nuestros pueblos.

PRESENTACIÓN

La Plataforma Ciudadana: “Nuestros montes no se olvidan” es una iniciativa ciudadana que pretende reflexionar y actuar sobre la problemática  y especificidad de los incendios forestales en la provincia de Teruel.

Consideramos que es una plataforma necesaria para dar voz a las personas y colectivos afectados por los grandes incendios, porque en la mayoría de las ocasiones la tragedia del fuego cae en el olvido con el paso del tiempo. Pensamos que es suficientemente importante para el futuro de la provincia intentar aportar soluciones a este problema y mantenerlo en la actualidad informativa.

Los incendios forestales son una importante amenaza para los municipios de Teruel, no sólo por las pérdidas humanas y económicas que ocasionan, sino también porque afectan a nuestro patrimonio natural, uno de los recursos más importantes del territorio, además de que suponen un riesgo real para los propios asentamientos urbanos. Amenaza que se agravará en un futuro próximo, ya que no podemos olvidar que los efectos del cambio climático se están manifestando a través de sequías y grandes incendios en zonas no habituadas a este fenómeno.

Desde la plataforma “Nuestros montes no se olvidan” queremos trabajar por los siguientes objetivos:

– Evitar que los incendios forestales caigan en el olvido y que la Administración actué de manera eficaz, coordinada y con visión de futuro en la restauración integral de las zonas afectadas.

– Reclamar que se tomen medidas preventivas efectivas en todo territorio que sea susceptible de sufrir un gran incendio forestal.

– Analizar el papel que debe jugar la administración estatal y regional, la administración local y los habitantes de la provincia en la mejora de la defensa frente a los incendios forestales, tomando en consideración los aspectos específicos del medio natural y socioeconómico de la provincia de Teruel.

– Promover la participación ciudadana en la toma de decisiones vinculadas a la gestión de nuestros montes y concienciar a la población sobre el problema de los incendios.

– Definir entre todos, a través de la reflexión y el diálogo,  qué funciones queremos que tengan nuestras masas forestales y valorar su importancia para el futuro de la provincia de Teruel y sus habitantes.

– Desarrollar propuestas concretas de actuación y mejora en las fases de prevención, extinción y restauración de los incendios forestales.

– Organizar actividades y eventos para reclamar soluciones, concienciar y educar sobre la importancia de evitar los grandes incendios forestales y paliar sus efectos.

 

Asociaciones y colectivos adheridos

FORO CIUDADANO AGENDA 21 DE ANDORRA-SIERRA DE ARCOS (COMARCA DE ANDORRA)

TALLER EDUCACIÓN AMBIENTAL DEL CEA ITACA (ANDORRA)

CENTRO DE ESTUDIOS AMBIENTALES ITACA (ANDORRA)

ASOCIACIÓN PARA EL DESARROLLO DE MONTORO DE MEZQUITA (VILLARLUENGO)

ASOCIACIÓN CULTURAL CARRASCA ROCK (EJULVE)

ASOCIACIÓN DE PROPIETARIOS DE FINCAS RÚSTICAS MASÍAS DE EJULVE – MAESTRAZGO (EJULVE)

ASOCIACIÓN CULTURAL Y MEDIOAMBIENTAL SAN VALERO (CAÑIZAR DEL OLIVAR)

ASOCIACIÓN DE MUJERES LA PLATA (CAÑIZAR DEL OLIVAR)

COLECTIVO SOLLAVIENTOS (TERUEL INTERIOR)

CENTRO DE ESTUDIOS DEL MAESTRAZGO TUROLENSE (CEMAT)

CENTRO DE ESTUDIOS LOCALES DE ALCORISA (CELA)

GRUPO DE ESTUDIOS NATURALISTA DEL JILOCA (GENJ)

ASOCIACIÓN CULTURAL EL HORNO (FUENFERRADA)

CLUB DE MONTAÑA CUATRINEROS (ESCUCHA)

ASOCIACIÓN CULTURAL AMIGOS DEL MUSEO DE LA ESCUELA (ALCORISA)

ASOCIACIÓN CULTURAL “LA CAÑADILLA” (LA CAÑADILLA, ALIAGA)

COORDINADORA CIUDADANA “TERUEL EXISTE” (PROVINCIA DE TERUEL)

OTUS – ECOLOGISTAS EN ACCIÓN (PROVINCIA DE TERUEL)

FUNDACIÓN BOSQUES DE LA TIERRA (DELEGACIÓN TERUEL)

ASOCIACIÓN CULTURAL SANTOLEA VIVA (SANTOLEA, CASTELLOTE)

PLATAFORMA AGUILAR NATURAL (AGUILAR DEL ALFAMBRA)

ASOCIACIÓN CULTURAL LA ALBADA (POBORINA FOLK, EL POBO DE LA SIERRA)

FUNDACIÓN KALATHOS (ALCORISA)

MONTAÑEROS EN ACCIÓN (ZARAGOZA)

Aportaciones al “LIBRO VERDE: Preparación de los bosques al cambio climático”

 

 

La Plataforma Ciudadana: “Nuestros montes no se olvidan” se reunía el domingo 25 de julio con motivo de la conmemoración de los grandes incendios  que asolaron la provincia de Teruel, durante el verano de 2009, dónde más de 12.000 ha de superficie forestal resultaron quemadas.

 

Pese al grave impacto medioambiental, social y económico que estos hechos han supuesto para la provincia, la administración no ha presentado un plan de restauración que permita la restauración integral de las zonas afectadas ni ha variado su política de gestión forestal, centrada casi exclusivamente en la extinción. Por tanto, los efectos del incendio perdurarán en el espacio y en el tiempo y, muy probablemente volverán a producirse nuevos grandes incendios (como el ocurrido en la misma comarca en 1994 que afectó a más de 15.000 ha).

 

Los días 6 y 7 de abril de 2010 la Plataforma participaba en la “Conferencia sobre Protección de Bosques” organizada conjuntamente por la Comisión Europea y el Ministerio de Medio Ambiente celebrada en el Centro Nacional de Educación Ambiental en Valsaín (Segovia) donde ya fueron propuestas  algunas de las aportaciones que realizamos a continuación.

 

 

Consideraciones previas

 

 

– Las masas forestales afectadas de la provincia de Teruel se sitúan en la zona bioclimática correspondiente a la Región Mediterránea y distribuidas fundamentalmente en dos pisos: mesomediterráneo y supramediterráneo. En ambos casos tiene lugar una intensa sequía estival y una gran amplitud térmica, factores ambos que limitan la productividad vegetal.

 

-La vegetación arbórea característica del piso mesomediterráneo la constituyen masas  de pino carrasco (Pinus halepensis), y encinares (Quercus ilex ballota), y masas mixtas de ambas especies. Estas formaciones presentan una buena capacidad de regeneración después del fuego, no obstante su ubicación en zonas relativamente secas, la escasa profundidad de los suelos forestales y  la intensidad de los incendios, van a condicionar su regeneración. En el piso .supramediterráneo predominan los pinares de pino silvestre (Pinus sylvestris) y pino negral (Pinus nigra), con rodales más o menos extensos de quejigo (Quercus fagínea), carrasca (Quercus ilex ballota) y sabinares (Juniperus ssp). En este piso bioclimático, la presencia de grandes incendios es prácticamente excepcional y la mayoría de las especies afectadas tienen baja capacidad de regeneración. Así, en las extensas masas de pinares afectas por el incendio no se espera una regeneración de estas especies las cuales, además, tienen su hábitat natural amenazado por los efectos del cambio climático. .

 

– Las afecciones medioambientales han sido muy importantes: eliminación de la cubierta vegetal, desarrollo de procesos irreversibles de desertificación, impacto paisajístico, pérdida de especies catalogadas como Vulnerables y Protegidas en el Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón y de árboles monumentales, afección a zonas protegidas (más de 3.000 ha de espacios pertenecientes a la Red Natura 2000 (ZEPAs y LICs) con sus correspondientes impactos en la fauna.

 

– La provincia de Teruel presenta unas características socioeconómicas singulares (poca población y muy envejecida, escasa actividad económica, falta de iniciativas empresariales,…) que en las zonas afectas por los incendios están todavía más acentuadas. Así, basta recordar que la densidad de muchas de las zonas arrasadas por los incendios no superan los 3 habitantes/km2 y que ha habido términos municipales que se han visto afectados en más del 70% de su extensión. En este contexto, los incendios tendrán graves repercusiones en los sectores económicos ligados al medio natural (hosteleria y turismo, caza, setas,…) únicas alternativas de desarrollo para estas zonas.

 

Como Plataforma Ciudadana son varias las reivindicaciones y propuestas que se han realizado al departamento competente en esta materia (Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón) al considerar que no se está realizando una gestión adecuada, ni en la restauración de la superficie afectada ni en la prevención  para el resto de zona forestal amenazada. Además, estamos reivindicando un trabajo transversal de varios departamentos del Gobierno de Aragón sobre este asunto, pues las afecciones de un incendio forestal y su restauración no es un asunto exclusivamente medioambiental. Entre las propuestas planteadas destacan:

 

– Elaboración de un Plan integral de Restauración para las zonas afectadas, en el cual se consideren todos los impactos ocasionados por el incendio (ambientales y socioeconómicos), se analicen los riesgos de degradación y la capacidad de respuesta de las formaciones vegetales afectadas por el fuego y se consideren los efectos del cambio climático en las propuestas de restauración. Plan que debe ser flexible e incluir mecanismos de control y seguimiento de las actuaciones propuestas para redefinir las técnicas aplicadas en función de los resultados obtenidos.

 

– Un plan de Gestión Forestal que considere tanto los cambios socioeconómicos de los últimos años como el entorno de incertidumbres económicas y ambientales actuales y futuras para proteger, conservar y revalorizar los montes de la provincia, actualmente inmersos en una grave amenaza de sufrir procesos irreversibles de desertificación.

 

 

– Constitución de una Mesa de trabajo y participación sobre la problemática forestal que reúna a todos los sectores, tanto técnicos, como administrativos y ciudadanos en la búsqueda compartida de soluciones.

 

 

Propuestas a la Comisión Europea:

 

– Consideramos necesaria la puesta en marcha de una estrategia europea que haga frente a las nuevas amenazas derivadas del cambio climático, los cambios socioeconómicos y las incertidumbres futuras. En este contexto los incendios serán cada vez más inevitables, por lo cual la estrategia a seguir deberá basarse en paliar los efectos y extensión de los mismos.

 

– Que esta estrategia se adapte a cada una de las diversas zonas que conforman los países de la UE, entre ellos las del arco Mediterráneo, cuyos bosques presentan unas características específicas, que los hacen más vulnerables a los incendios forestales.

 

Que se vele desde la Comisión Europea porque esta estrategia se aplique, independientemente del órgano gestor o el poder político que lo sustente y de intereses electoralistas a corto plazo.

 

Que la Unión Europea aúne la política forestal con la de desarrollo rural, de tal manera que la gestión forestal se convierta en un factor de desarrollo de áreas rurales con problemas de despoblación, como la provincia de Teruel, que podría ser un área piloto de proyectos que se desarrollen en esta línea.

 

Que esta futura estrategia contemple actuaciones relacionadas con la protección y conservación de la biodiversidad de montes y zonas arboladas que forman parte importante del Patrimonio Natural provincial y están íntimamente relacionadas con la problemática del medio rural. Se ve necesario poner en valor esa biodiversidad a través de planes de gestión y conservación.  

 

Que la Unión Europea potencie la gestión privada de los terrenos forestales en el Mediterráneo, hoy prácticamente abandonados por la falta de rentabilidad. Se requiere la revalorización de productos (no necesariamente madereros) y de servicios producidos por los montes y que hoy no presentan valor de mercado.

 

Revisión de algunas políticas sectoriales desarrolladas por la Unión Europea, como la reforestación de tierras agrícolas y las ayudas agroambientales, para adecuarlas a la realidad (y especificidad) de los montes mediterráneos.

 

Consideramos también la necesidad de establecer sistemas de información que actualicen problemáticas y necesidades de los ciudadanos en relación con la protección, uso y disfrute de los montes.

 

 

Que se promueva la participación ciudadana en la toma de decisiones en torno a la gestión forestal desde una perspectiva regional/local.

 

Que la Unión Europea establezca unos criterios y procedimientos de restauración de bosques y montes tras un incendio forestal, Estas restauraciones deberán tener en cuenta  la adaptación al cambio climático y otros problemas ambientales añadidos.

 

Que la Unión Europea incida en la gestión preventiva de los incendios forestales modificando la actual estrategia basada, casi exclusivamente, en la extinción.

 

Que se promueva el estudio y la investigación, tanto en labores de prevención de incendios forestales como de restauración. En este sentido, la introducción del fuego como elemento de gestión debería ser tenido en consideración.

 

Que se promueva una educación ambiental en torno al valor del bosque y el monte, la biodiversidad que acoge, los servicios medioambientales que presta a la sociedad y la importancia de las actuaciones  preventivas.  

 

Que se promueva entre la sociedad la necesidad de convivir con los incendios forestales, de forma que sepa reaccionar cuando estos se produzcan. La Unión Europea debería incidir en la articulación de protocolos de protección civil que consideren las situaciones de riesgo para la población e infraestructuras básicas.

 

Que se promueva la formación del personal dedicado a los trabajos forestales. Se debería potenciar que el personal dedicado a los trabajos forestales tuviese una vinculación directa con el medio rural para el cual trabaja.

 

Que se ponga en valor los usos tradiciones vinculados al medio rural y el monte.  

 

Que se pongan en marcha acciones de custodia del territorio, pago por Servicio Ambiental Prestado,….  dirigido a la población rural: agricultores, ganaderos,…

 

 

Esperamos que  nuestras aportaciones sean de interés en la elaboración de la futura estrategia de la Unión Europea sobre protección de los bosques e información forestal.

El 22 de julio de 2009 “estallaban” numerosos focos de incendio en la provincia de Teruel, fruto, en principio, de unas condiciones meteorológicas muy adversas. Fue invocada la regla del 30 (más de 30ºC de temperatura, vientos superiores a los 30 km/h y humedad inferior al 30%), y alguien recordó que eran las peores condiciones en 15 años.

El episodio dio lugar en el momento a numerosas declaraciones, y todavía se continúan exponiendo múltiples puntos de vista, algunos retrospectivos, buscando causas y culpables, otros proyectivos, buscando soluciones y oportunidades. Véase en este sentido el magnífico artículo de J.M. Salesa en esta misma tribuna abierta (https://nuestrosmontesnoseolvidan.wordpress.com/2010/04/20/compartimentos-estancos/).

En definitiva, el tema de los incendios forestales es sumamente complejo, pero tiene un gran riesgo: se presta a decir mucho y no hacer nada. Como ciudadano me toca el papel de “decir”, de lanzar alguna pequeña aportación a un tema que me preocupa, y quisiera centrar la cuestión en un estadio de reflexión previa y general sobre la gestión de los recursos naturales y sus patologías: el del abuso de lo que los investigadores Holling y Meffe denominan comando-control en la gestión de los ecosistemas.

El control es consustancial a las sociedades humanas contemporáneas. Continuamente, mediante leyes, reglamentos, protocolos de actuación, etc., se trata de mantener la estabilidad de los sistemas que afectan al ser humano, en busca de salud y felicidad. Los ecosistemas no se libran de este comportamiento. De hecho, a medida que la población aumenta y los recursos naturales escasean, cada vez hay más presión de control. Hoy en día, por ejemplo, un ciudadano de Teruel puede verse multado por arrancar una aliaga o un erizo del monte, cuando antaño era una práctica habitual para encender los fuegos caseros.

Pero el aumento del control en los ecosistemas nos lleva a una paradoja esencial de la conservación de la naturaleza: buscamos preservar lo que debe cambiar. Sin embargo, la tendencia natural de nuestra sociedad es la de responder con mayor control a comportamientos erráticos, sorprendentes o catastróficos de los ecosistemas. Con ello, sin darnos cuenta, podemos estar creando una “patología” en el manejo de los recursos naturales, entendida como una pérdida de elasticidad del sistema frente a factores externos, de la que se derivan sorpresas y nuevas amenazas. Si se llega a ello, los resultados ambientales-sociales-económicos producidos desde la óptica del comando-control son insostenibles. Este parece ser el caso de la gestión de bastantes montes turolenses y de su riesgo de incendio.

Ante los incendios forestales tenemos dos caminos. Uno es eliminar la investigación y el monitoreo, y concentrarse en la eficiencia y el control. Con ello, cada vez seremos más dependientes del control, necesitaremos aplicar cada vez más capital y acabaremos ignorando los cambios ecológicos y sus riesgos de colapso. El otro es el camino de las estrategias innovadoras que persigan potenciar ecosistemas más elásticos. Según Holling y Meffe, la gestión debe esforzarse en conservar los tipos y magnitudes de variación natural críticos de los ecosistemas, a efectos de mantener su elasticidad. Si se hubiese seguido este camino, quizá no se hubiesen podido evitar los incendios de julio del 2009, pero sin duda hubiese sido mucho más reducida su virulencia, y las posibilidades de regeneración natural serían ahora mucho mayores.

Como muy acertadamente señalaba J.M. Salesa, ésta puede ser una oportunidad para impulsar el mundo rural como sector estratégico. Desde aquí queremos sumarnos a esta idea de oportunidad, de mirada hacia adelante, en este caso para rediseñar la gestión de nuestros montes y no incurrir en patologías de comando-control. Y no piensen nuestros políticos que les va a salir más cara la factura. Todo lo contrario.


Alejandro Pérez
Colectivo Sollavientos

Fuente: La Comarca del Bajo Aragón Histórico. Tribuna.

23 de julio de 2010

Es difícil explicar lo que sentimos los municipios afectados el pasado 22 de julio de 2009, ha pasado un año y todavía bajamos la cabeza impotentes ante la magnitud del desastre, 14.000 hectáreas arrasadas en Teruel y 22.000 en todo Aragón.

Los recuerdos siguen vivos en las personas que habitamos estas sierras; recuerdo cómo recibí la llamada del 112 (teléfono de emergencias) al mediodía, para advertirme que el fuego se había hecho fuerte en La Cañadilla y Alloza; recuerdo subir a Majalinos en la sobremesa y encontrarme con varios vecinos de Ejulve junto a los evacuados de La Cañadilla, cuando el forestal nos advirtió que poco podíamos hacer allí, que había que bajar a Ejulve a defendernos en las carreteras; recuerdo las llamadas insistentes que hicimos al 112 durante toda la tarde para pedir ayuda y el anuncio oficial a las ocho de la tarde diciendo que nos dejaban solos hasta el día siguiente; recuerdo cómo escribí entre lágrimas el bando que pedía a la población más mayor que dejaran sus casas y se trasladaran a Alcorisa ante la densa nube de humo que abrazaba el pueblo; recuerdo a los voluntarios que durante la tarde y toda la noche estuvimos peleando en las carreteras contra el fuego para que no cruzara al otro lado; recuerdo la sensación de angustia, de impotencia, de desamparo. Al día siguiente recibimos a la Unidad Militar de Emergencias, y en días sucesivos los medios de extinción se centraron en el gran incendio de Aliaga – Ejulve para conseguir atajarlo; muchos hidroaviones, centenares de personas de varias cuadrillas de extinción,… Pero el mal ya estaba hecho.

A los pocos días nos convocaron a todos los municipios afectados en Andorra para presentarnos las medidas que iban a tomar las instituciones al respecto, un plan de choque para solventar las necesidades más prioritarias en agricultura, ganadería e infraestructuras, junto a un plan de restauración de grandes incendios desarrollado por varios departamentos del Gobierno de Aragón. Ni una cosa ni otra se ha cumplido, el plan de choque se utilizó para ampliar el contrato a los retenes de Sodemasa y el plan de restauración de grandes incendios todavía no ha visto la luz. Especialmente sangrante es la comparación con otras autonomías, Cataluña, Canarias o Castilla y León, donde en pocos meses se aprobaron decretos de ayudas urgentes por los incendios.

En Aragón, tuvimos que esperar hasta abril para conocer las grandes cifras que el Departamento de Medio Ambiente iba a destinar a la restauración forestal, a ejecutar por las empresas públicas (Sodemasa y Tragsa) y alguna subcontrata privada; el dinero se destinará a la retirada de la madera quemada y a la lucha contra la erosión, que nadie piense que los ayuntamientos hemos ganado nada con esta tragedia, ni lo ganaremos.

Visto lo visto, varias asociaciones y particulares decidimos crear una plataforma ciudadana a mediados de enero de 2010, preocupados por el devenir de los acontecimientos en relación con las ayudas a las zonas afectadas, pero sobretodo interesados en dar luz a un gran debate pendiente, el papel de nuestras masas forestales y la necesidad de abordar nuevas formas de gestión forestal que eviten la generación de grandes incendios. Creemos que es nuestra responsabilidad, después de lo vivido, dar a conocer nuestro punto de vista sobre las causas y consecuencias de los incendios en nuestro medio rural. Porque la vida en nuestros pueblos ya tiene suficientes taras y problemas como para estar cruzando los dedos cada verano a la espera de que no nos toque; abordar este tema es fundamental para el futuro de nuestra provincia tras 40 años de mirar hacia otro lado.

Con la despoblación de los municipios rurales y el final del modo de vida tradicional, el equilibrio con el medio que nos rodeaba se rompió, las zonas de pastos se convirtieron en matorral cerrado, los bosques que se aprovechaban para la construcción de galerías mineras y para dar calor en las estufas, se han convertido en auténticas selvas donde cualquier chispa puede dar lugar a una catástrofe. Junto a esas condiciones de aumento de combustible en nuestros montes, nos encontramos con unas infraestructuras de control de incendios (cortafuegos, clareos, fajas auxiliares, puntos de agua, etc.) claramente insuficientes. El monte no es rentable, no se invierte; ecuación difícil de cambiar.

El debate que proponemos a la sociedad no va solamente dirigido a los gobernantes (que con su actitud nos ha demostrado su escaso interés en mover este tema tan difícil, por conveniencia política o por incapacidad), sino a todos los agentes implicados en esta cuestión; ayuntamientos, propietarios forestales, empresas privadas, funcionarios públicos y trabajadores de empresas públicas, universidad, agricultores y ganaderos, ecologistas, asociaciones de empresarios turísticos, etc. Y con esa motivación la plataforma ciudadana va a seguir trabajando para que el tema no se olvide en un cajón y exista la oportunidad de abrir este debate a toda la sociedad. Nunca hemos querido iniciar este debate con un objetivo destructivo, de crítica fácil hacia los gobernantes de turno; quien lo vea así no ha entendido nada.

 José Manuel Salvador Minguillón.

Alcalde de Ejulve.

Portavoz de la Plataforma Ciudadana “Nuestros montes no se olvidan”.

El 22 de julio de 2009 se iniciaban varios focos de fuego que asolaron unas 12.000 H en la provincia de Teruel, la mayor parte superficie forestal. Estos hechos causaron en su momento una importante conmoción entre los ciudadanos y la opinión pública. La inmediatez que caracteriza la información en la actualidad conlleva la sustitución de unos sucesos por otros pasando rápidamente al   olvido incluso los mas graves. El impacto medioambiental, social y económico que estos hechos han supuesto para la provincia a día de hoy parecen interesar a muy pocos colectivos, ciudadanos y organizaciones sociales y mucho menos a la Administración que a un año de lo sucedido carece de  Planes de restauración y de gestión preventiva, manteniendo con esta actitud en riesgo y en un grave estado de vulnerabilidad también al resto de zonas no afectadas.  

El Departamento de Medio Ambiente, hasta el momento se ha ocupado de la limpieza de algunas de las hectáreas afectadas no implicándose en la elaboración de un Plan a  medio y largo plazo, que por otra parte, parecía tener en agosto de 2009. El resto de Departamentos del Gobierno de Aragón que deberían haberse implicado tampoco lo han hecho, ni tan siquiera se les ha oído: Agricultura, Política Territorial, entre otros. El trabajo interdepartamental que deberían haber desarrollado no sabemos siquiera si en algún momento se llegó a plantear.

 Nuestros montes,  no se han declarado de “interés  autonómico” como otros proyectos puestos en marcha y tampoco se han agilizado los trámites para la elaboración de estudios ni de planes que garanticen su correcta restauración y los preparen para nuevas incidencias presentes y futuras. La restauración de las zonas quemadas no puede ser un proyecto estandar aplicable en cualquier momento y en cualquier lugar. Desde la Plataforma Ciudadana seguiremos trabajando porque no caigan en el olvido y lleguen a ocupar el lugar que merecen por si mismos y en base a los múltiples servicios ambientales que prestan a la sociedad, además de poder convertirse en motor de desarrollo sostenible en el medio rural.

 Recordar una vez más nuestra propuesta como Plataforma de constituir una Mesa Participativa o Comisión de Seguimiento donde se plasme la participación real de los ciudadanos y de todos los sectores implicados en el medio forestal. El futuro de nuestros montes debe gestarse ahora, un poco más de tiempo y será demasiado tarde.

Os invito, especialmente durante estos días a incluir vuestros comentarios y opiniones en el blog. Los vocales de la Plataforma necesitamos “escuchar” vuestra voz y vuestras propuestas. Un abrazo a tod@s.

 Olga Estrada. Vocal de la Plataforma

Fuente: Diario de Teruel. Lunes 19 de julio de 2010

No comparto la idea de que sea posible hacer desaparecer el fuego, como riesgo que amenaza  nuestro entorno. El fuego ha intervenido en la configuración de los paisajes que hoy  tenemos, resultado de la gestión del territorio realizada en otros momentos en que la vida dependía de disponer de pastos para el ganado o de obtener nuevas áreas de cultivo. Soy consciente de que la climatología tormentosa lleva aparato eléctrico que genera fuegos, que si además se ve acompañada con un amplio periodo de sequía y fuertes vientos puede generar incendios de grandes proporciones muy difíciles de  controlar, por más medios anti incendios de que dispongamos. 

 Por todo ello, apuesto por una labor preventiva de gestión en las masas forestales: generar superficies forestales con una composición y estructura capaz de resistir o resurgir tras el paso del fuego, bien haciendo disminuir la tendencia de crecimiento exponencial de éste cuando encuentra combustible, o bien resurgiendo tras su paso, minimizando los efectos posteriores. Y esto no sólo de cara a la recuperación del paisaje, también de los servicios ambientales que obtenemos de la función de los ecosistemas naturales.

En el incendio de Castelfrío observamos áreas donde el paso del fuego ha dejado un paisaje con una menor densidad de pinar, salpicado de enebros y sabina rastrera, más parecido a las áreas naturales que se conservan en los alrededores. Un paisaje quizás  más cercano al que el aprovechamiento tradicional ganadero ha modelado en los últimos cien años, en este y en otros lugares de la provincia de Teruel, que ofrece mayor diversidad biológica y donde el fuego, en caso de producirse, no va a encontrar acumulación de material inflamable que favorezca su avance. La población invernante de zorzales, puede ser un buen aliado para la dispersión de semillas de estas cupresáceas, cuya comunidad ocupa una parte sustancial del espacio. 

Me parece importante reseñar que la protección del suelo frente a la erosión no va ligada necesariamente a la existencia de una cobertura de bosque, sino más bien a una colonización vegetal de la máxima superficie del terreno. Por otra parte, el diseño de cortafuegos y la fragmentación de la masa de pinar no tienen por qué seguir  criterios geométricos. La evolución de este incendio nos ha permitido observar cómo la orografía del terreno pone obstáculos naturales  a su avance. Por ello es importante definir el lugar donde ubicar las líneas cortafuegos, adaptándolos a franjas de relieve abrupto donde la dificultad de colonización vegetal simplificará las labores de mantenimiento.

También, la gestión ganadera puede aconsejar abrir claros en medio del pinar y aprovecharlos como pastos. Deben recuperarse los tremedales, donde rezuman las aguas, alterados tras las labores de subsolado realizadas durante las repoblaciones; se trata de áreas húmedas, importantes para garantizar la pervivencia de una flora y fauna peculiar. Finalmente, es importante favorecer el desarrollo de la vegetación de ribera en torno a los barrancos naturales, con chopos y sauces, acompañados de una orla de espinos.

Ángel Marco Barea

*Colectivo Sollavientos

http://www.diariodeteruel.net/opinion/1232-castelfrio-recuperar-un-paisaje-tras-el-fuego-ii.html

 Fuente: Diario de Teruel. Lunes, 5 de julio de 2010

Tras el incendio forestal del verano pasado en Castelfrio, es unánime entre la población la impresión de que esa perturbación ha representado un desastre, una grave pérdida. En su consideración se tienen en cuenta valores sentimentales y también la pérdida del bosque, aunque no se contempla la necesidad de conservar los habitats naturales desde la óptica de mantener los servicios ambientales que proporcionan. En el subconsciente parece existir la sensación de que las catástrofes naturales conllevan la percepción de ayudas por indemnización, según se desprende de alguna manifestación.

Analizado el incendio, creo que existe coincidencia en asumir que la masa de pinar repoblada en los últimos años ha sido la más desvastada, más de la mitad del total de la superficie plantada entre 1960 y 1980. Y, aún reconociendo que parte de la fuerza que adquirió el fuego se debió a la existencia de esta acumulación de combustible, en unas condiciones ambientales desfavorables, creo que no debemos buscar responsabilidades en su existencia, sino, en todo caso, en la ineficiencia de la gestión realizada tras las labores de repoblación.

Las perspectivas de las actuaciones a realizar en la restauración parece que se orientan a volver a repoblar con pinos. Antes de ello deberíamos hacernos ciertas preguntas para definir las labores que se requieren antes y depués de la realización de esos trabajos e inversiones.
Coincido con los análisis de los técnicos en reconocer que el pino silvestre es la vegetación adaptada a las condiciones climáticas y altitud de ese territorio, sobre todo en las zonas más altas. La alternativa supone no repoblar, una situación en la que el monte evolucionaría hacía un área de pastizal de montaña salpicado de sabina rastrera y enebros, con algún rodal de pinar silvestre. Es este un paisaje que se aparta de la imagen que la sociedad, en su mayoría, ha recreado del bosque: una homogeneidad de árboles sobre un tapiz verde. En general, la sociedad no tiene consciencia de que es un habitat natural, en el que influyen los condicionantes ambientales, y donde se desarrolla una diversidad biológica capaz de sobrevivir en esas condiciones. Aparcada la rentabilidad económica de la gestión de la madera, el bosque se ha convertido casi exclusivamente en el lugar donde ir a buscar rebollones en otoño, o un espacio donde acudir en verano a sestear.

Esta visión homogénea, contemplada desde la perspectiva social de cómo debe orientarse la recuperación del bosque, y que bajo mi opinión no esta avalada con el conocimiento de las investigaciones actuales de la ecología, contrasta con la heterogeneidad que debe primar en su composición y en base a ello en la gestión a ejecutar en su conservación. Desde mi punto de vista creo que es necesario recuperar un ecosistema capaz de volver a ofrecernos esa riqueza de servicios ambientales, que va desde la función de almacenar CO2, proporcionar oxigeno, regular el agua, frenar la erosión del suelo, ofrecer un lugar donde vivan gran variedad de fauna y flora, hasta proporcionarnos un lugar para pasear, reflexionar, recuperar el retorno a la naturaleza.

Ángel Marco Barea

Colectivo Sollavientos.

Diario de Teruel

Fuente: Diario de Teruel. Lunes, 28 de junio de 2010

Opinión

Las laderas de la conocida como Hoya de Alloza arropan y acogen uno de los paisajes más singulares y hermosos de la ComarcaAndorra-Sierra deArcos.
La intervención humana y el medio natural han convivido en ella durante cientos de años. En el fondo del valle, olivos y frutales, zonas abancaladas que fueron deteniendo el fuego voraz que arrasó uno de los pocos reductos comarcales de vegetación autóctona. La buena y sabia intervención humana que a través del tiempo consiguió obtener frutos y cosechas a la par que detener la erosión, retener el agua, dulcificar el paisaje y actuar de cortafuegos en el verano de 2009.
En las laderas rocosas se ven pinos carrascos, encinas, enebros, sabinas, rosales silvestres, coscojas, lentiscos, quejigos en las zonas umbrías, plantas
aromáticas como el tomillo, el espliego, el romero, la salvia,….. También linos azules y blancos, incluso algunos ejemplares de madroños, en
otro tiempo frecuentes en el BajoAragón. Una fauna diversa formada por aves, pequeños mamíferos, reptiles e insectos, cobijada en torno a su abrazo.
Un espacio lleno de vida y de sonidos indisolubles de la tierra.

Unas laderas que poco a poco, abandonadas a su suerte (como ocurre en general con el monte y las masas arboladas de nuestra provincia, bien sea por
el abandono de los usos tradicionales o por la ausencia de afecto hacia el medio natural y rural, tanto a nivel administrativo como ciudadano), se
fueron haciendo impenetrables, prendiendo a modo de gigante tea cuando las condiciones climáticas se tornaron desfavorables.
Los paisajes contemplados desde la altura nos hablan de la interacción del hombre con su entorno. Delatan los usos tradicionales y actuales del
suelo, la gestión de los recursos naturales y también el cuidado, el respeto y el mimo que las gentes del lugar y sus representantes políticos han reflejado
en él. No cabe duda, desde el mirador de Alloza, de que sus apacibles gentes encontraron ese equilibrio necesario entre actividad agrícola y
naturaleza.
La desolación tras el incendio, que cubrió de negro y cenizas el entorno, la desnudez tras las labores de limpieza, que deja al descubierto la intimidad
de la roca, el silencio que sobrecoge, la ausencia de vida…son los testigos que rozan nuestra mirada, nuestra emoción, desde la Hoya de
Alloza, Majalinos,Aliaga, La Cañadilla, Castelfrío o el resto de las zonas arrasadas. Paisajes ahora dibujados en la memoria colectiva, impresos en
la retina, en fotografías guardadas con esmero en el mejor rincón de la casa. Y aun así, la esperanza, que brota a la par que esa vegetación perdida, mediterránea, adaptada al fuego y regada por las lluvias de los últimos meses, iluminada por la primavera.


Los pinos, en medio del fuego, lanzaron sus piñas repletas de semillas que quedaron dispersas esperando el momento de volver a nacer. Las encinas,
enebros, aliagas, coscojas y quejigos guardaron en sus raíces para el después los brotes más verdes y tiernos, que lentamente van cubriendo el suelo.
Todo volverá a renacer si las condiciones son favorables y seguimos expectantes su evolución atendiendo a las necesidades de cada una de las
zonas afectadas. Los montes, nuestros montes, tanto vivos como quemados, esperan nuestros pasos, nuestra mirada fiel, comprometida con su futuro.
Nuestras preguntas e interés por todo aquello que les haya sucedido o pueda suceder. Nuestro afecto trabajando en positivo.

El lamento se torna esteril si no nos conduce a la acción.

Olga Estrada
Colectivo Sollavientos

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