Fuente: Diario de Teruel. Lunes, 5 de julio de 2010

Tras el incendio forestal del verano pasado en Castelfrio, es unánime entre la población la impresión de que esa perturbación ha representado un desastre, una grave pérdida. En su consideración se tienen en cuenta valores sentimentales y también la pérdida del bosque, aunque no se contempla la necesidad de conservar los habitats naturales desde la óptica de mantener los servicios ambientales que proporcionan. En el subconsciente parece existir la sensación de que las catástrofes naturales conllevan la percepción de ayudas por indemnización, según se desprende de alguna manifestación.

Analizado el incendio, creo que existe coincidencia en asumir que la masa de pinar repoblada en los últimos años ha sido la más desvastada, más de la mitad del total de la superficie plantada entre 1960 y 1980. Y, aún reconociendo que parte de la fuerza que adquirió el fuego se debió a la existencia de esta acumulación de combustible, en unas condiciones ambientales desfavorables, creo que no debemos buscar responsabilidades en su existencia, sino, en todo caso, en la ineficiencia de la gestión realizada tras las labores de repoblación.

Las perspectivas de las actuaciones a realizar en la restauración parece que se orientan a volver a repoblar con pinos. Antes de ello deberíamos hacernos ciertas preguntas para definir las labores que se requieren antes y depués de la realización de esos trabajos e inversiones.
Coincido con los análisis de los técnicos en reconocer que el pino silvestre es la vegetación adaptada a las condiciones climáticas y altitud de ese territorio, sobre todo en las zonas más altas. La alternativa supone no repoblar, una situación en la que el monte evolucionaría hacía un área de pastizal de montaña salpicado de sabina rastrera y enebros, con algún rodal de pinar silvestre. Es este un paisaje que se aparta de la imagen que la sociedad, en su mayoría, ha recreado del bosque: una homogeneidad de árboles sobre un tapiz verde. En general, la sociedad no tiene consciencia de que es un habitat natural, en el que influyen los condicionantes ambientales, y donde se desarrolla una diversidad biológica capaz de sobrevivir en esas condiciones. Aparcada la rentabilidad económica de la gestión de la madera, el bosque se ha convertido casi exclusivamente en el lugar donde ir a buscar rebollones en otoño, o un espacio donde acudir en verano a sestear.

Esta visión homogénea, contemplada desde la perspectiva social de cómo debe orientarse la recuperación del bosque, y que bajo mi opinión no esta avalada con el conocimiento de las investigaciones actuales de la ecología, contrasta con la heterogeneidad que debe primar en su composición y en base a ello en la gestión a ejecutar en su conservación. Desde mi punto de vista creo que es necesario recuperar un ecosistema capaz de volver a ofrecernos esa riqueza de servicios ambientales, que va desde la función de almacenar CO2, proporcionar oxigeno, regular el agua, frenar la erosión del suelo, ofrecer un lugar donde vivan gran variedad de fauna y flora, hasta proporcionarnos un lugar para pasear, reflexionar, recuperar el retorno a la naturaleza.

Ángel Marco Barea

Colectivo Sollavientos.

Diario de Teruel

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