Fuente: Diario de Teruel. 10/02/2010

TRIBUNA ABIERTA

 JOAQUÍN ABRIL PÉREZ *

Pasados los terribles incendios, que se produjeron el último verano en Aragón, las autoridades competentes se han aprestado a paliar, en lo posible, los daños producidos en los 34 municipios (nada menos) que se vieron afectados por el fuego.

Parece ser (según publicó la prensa) que se estaba elaborando un Plan de Restauración que incluiría la recuperación forestal en las zonas dañadas, y las compensaciones a las personas y pueblos afectados. Un Plan que parece bueno sobre el papel, pero que ya veremos hasta dónde llega la realidad. Me temo que las compensaciones económicas, a la población perjudicada, no alcanzarán la cuantía de las pérdidas y la restauración será incompleta (siempre lo es) porque, aunque las tierras asoladas por los incendios sean repobladas lo mejor posible, siempre quedarán unos porcentajes de terrenos irrecuperables. No obstante, los problemas que trata de paliar el Plan de Restauración, más o menos, mejor o peor, tratarán de solucionarse, pero el “Gran Problema”, el fatídico problema de los incendios, me temo que continuará.

Es verdad que padecimos un verano de altas temperaturas, acompañadas de fuertes vientos y de “la famosa caída de los 5.000 rayos”, en un día. Pero estos fenómenos, en mayor o menor medida, no son nuevos, han sucedido y seguirán repitiéndose todos los años. Esto es y será siempre así. Sin embargo, la culpa de semejante catástrofe no se debe sólo a la meteorología y al clima, que ya los conocemos, sino al factor humano, a la continua falta de prevención.

Caliente, todavía, la tragedia, se habla y se prometen las medidas necesarias, para que no vuelva a repetirse este desastre. Se habla de medios terrestres, aéreos, de cuadrillas de operarios, de limpieza de montes, de vigilancia permanente, de cortafuegos y de acuerdos con otros países, para compartir estudios y experiencias… Todo está muy bien pero ¿no quedará, casi todo, en meros deseos? Tengo la sensación de que algo se hará, pero también tengo la intuición de que no se hará lo suficiente y seguiremos expuestos a lo mismo.

Y volveremos a lo de siempre. Una autonomía, aunque tenga la mejor de las intenciones, no puede hacer frente a incendios tan devastadores como los ocurridos el año pasado, ni a otros menores tampoco. No tiene ni los medios técnicos, ni económicos, ni de personal suficientes. Quiere ser lo que no puede y luego llegan estos resultados. Todos sabemos (aunque digan lo contrario) que no fueron capaces de llegar a tiempo y que sus medios de intervención fueron totalmente insuficientes, pero se aferran a unas competencias que no pueden atender aunque tengan la mejor voluntad.

Los incendios forestales van a acabar con los bosques de la nación. Ya se ha destrozado mucho, y esto continuará si no cambiamos la soberbia del poder por la humildad de la sabiduría, dejando (todas las autonomías) su solución en otras manos para resolverlo. Y estas manos no pueden ser otras que las del Estado. ¿Qué pensaríamos si la Defensa Nacional la dejásemos en manos de las autonomías? Pensaríamos que era un disparate y todos lo considerarían como una gran estupidez. Pues algo parecida tiene que ser nuestra actitud ante la defensa, también nacional, de los montes. Por eso, a semejanza de aquélla, debe crearse un cuerpo terrestre y aéreo que vigile constantemente el monte, que esté preparado para intervenir rápidamente y con los equipos necesarios. Una fuerza bien entrenada para actuar, para tener los montes bien cuidados y vigilados en todo momento. Y que atendieran no solamente la reforestación sino, incluso, una primera forestación, para crear nuevos bosques, siempre con vegetación autóctona, hasta conseguir aquellas masas forestales que tuvimos siglos atrás.

No sé si los poderes públicos se decidirán a modificar el statu quo actual de los montes, no lo sé. Pero si no lo hacen cometerán un grave error. Y la responsabilidad de este error recaerá sobre todos aquellos que tuvieron la obligación de hacerlo y no lo hicieron. Porque deben saber que para España es vital la existencia del bosque, la existencia de abundante vegetación que podría atemperar el clima extremado y las escasas e irregulares lluvias que padecemos.

A algunos les parecerá una exageración cuanto digo, pero no lo es. España sin bosques, sin abundante vegetación, traerá el desierto y el desierto es la nada. Por eso, si no se toman las medidas adecuadas, deberemos seguir insistiendo hasta conseguir que todos se conciencien de la importancia que tienen los bosques para cualquier país, pero muy especialmente para el nuestro, para España.

 *Maestro jubilado

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