por David Gascón y 195 firmantes más (Ejulve, Teruel)

En la página 10 del Heraldo de Aragón de 6 de septiembre de 2009, bajo el título de “Nuestra actuación ha sido ejemplar, evitar los grandes incendios es imposible”, se ha publicado una entrevista con D. Alberto Contreras, Director General de Gestión Forestal del Gobierno de Aragón, cuyo contenido es, al menos, sorprendente.

Sorprende doblemente, para empezar, el título, puesto que autocalificar su actuación y la de sus equipos como ejemplar adolece, al menos, de la modestia y de la capacidad de autocrítica imprescindibles para cualquier cargo público. Pero, afirmar, además, a renglón seguido y sin despeinarse, que evitar los grandes incendios es imposible, denota un absoluto conformismo y un desconocimiento preocupante de la génesis y de la evolución del fuego. Sr. Director General, por favor, recuerde que el fuego se inicia en uno o varios focos puntuales, fáciles de controlar cuando se hace una detección precoz de los mismos y se actúa con la suficiente inmediatez y que únicamente cuando falla la defensa rápida contra esos focos iniciales se está en el camino hacia el gran incendio. Dicho en otras palabras, Sr. Contreras, recuerde que los grandes fuegos, como muchas otras cosas de la vida, no nacen, se hacen.

Tiene razón el Sr. Director General cuando alude a la influencia de las condiciones meteorológicas sobre el riesgo de que se provoquen incendios, pero ello no le exime de sus responsabilidades. Días de altas temperaturas y bajo índice de humedad abundan durante el verano en nuestra tierra, pero que, precisamente en esos días, el horario de las cuadrillas contra incendios comience a las catorce horas, tras un día de tormentas secas, no parece nada razonable, ni, por supuesto, debe constituir un factor de satisfacción para quien tiene la misión de proteger nuestros bosques. Sr. Contreras, con los medios actuales de seguimiento de las tormentas no hay ninguna razón que justifique la ausencia de medios de detección y cuadrillas en “zonas calientes”. En pleno siglo XXI no es razonable que pasen muchas horas desde la tormenta seca hasta la detección de focos y unas cuantas más hasta que se comienza a actuar. En ése intervalo de tiempo, absolutamente vital, es cuando el gran incendio se hace, tal y como señala el Sr. Director General cuando alude, en la citada entrevista, a las cinco horas vitales que perdieron para atajar el fuego en el Campo de Maniobras de San Gregorio.

Sorprende, también, que el Sr. Director General intente echar pelotas fuera con el argumento de que para “limpiar los 2,5 millones de hectáreas forestales de Aragón, con muy poco ganado que las limpie y ningún aprovechamiento maderero, harían falta unos cien mil trabajadores y que … tienen unas prioridades, pero mantener todo el bosque es imposible”. Sí, Sr. Contreras, sorprende mucho que en su  Dirección General se cifren las necesidades en cien mil trabajadores y que durante el verano de 2009 sólo se disponga de 545 peones en las cuadrillas de extinción de incendios que operan en Aragón. También sorprende que desde su Dirección General no se implementen apoyos de discriminación positiva a los sectores agropecuario y forestal, imprescindibles para la defensa del medio. Claro que, si entre sus prioridades no se contempla proteger todo el bosque, puede que no haya lugar a la sorpresa.

Con todo, para quienes suscriben, la mayor sorpresa no está en las declaraciones del Sr. Director General de Gestión Forestal. La mayor sorpresa está en sus silencios. Transcurrido mes y medio desde que se inició el mayor incendio que ha azotado los montes aragoneses durante el verano de 2009, el Sr. Contreras ni lo cita. Parece que ha olvidado el incendio que calcinó más de ocho mil hectáreas en los términos municipales de Aliaga, Cañizar del Olivar, Ejulve, Villarluengo y La Zoma. Parece que ha olvidado que, según sus propias declaraciones en el momento del incendio, éste se debió a una tormenta seca acaecida durante la tarde noche del día 21 de julio, que su detección no se produjo hasta bien avanzada la mañana del día 22,  y que el propio día 22 decidió abandonar a su suerte (a su desgracia, mejor) parajes irrepetibles, que, al parecer, sólo valorábamos quienes teníamos la suerte de conocerlos. Parece que ha olvidado que, tras el incalificable e ilógico abandono, se tardó más de veinticinco horas en reanudar las tareas de extinción y varios días en controlar el incendio, que no se dio por extinguido hasta el 8 de agosto. Parece que ha olvidado que los afectados también somos ciudadanos aragoneses y que merecemos, al menos, una explicación de primera mano, porque nos hemos sentido ciudadanos de tercera. Que los afectados no entendemos la razón por la que no entramos en las prioridades del Sr. Director General de Gestión Forestal y nos tememos que si no éramos prioritarios en la defensa lo seremos mucho menos en la restauración.

Sin embargo, a pesar de todo, a pesar de nuestro dolor y de sus sorprendentes afirmaciones y silencios, estamos abiertos al diálogo y estaríamos encantados de poder aportar nuestros puntos de vista y nuestro esfuerzo para contribuir a recuperar un patrimonio muy valioso que merecía una defensa adecuada.

Se ha quemado mucho, pero afortunadamente nos queda un patrimonio muy valioso que conservar y disfrutar. Hagamos bien lo posible por defenderlo.

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