“Me llora el monte.
Me sangra el pino y la carrasca.
 
Me encierran el corazón,
me estampan el alma…
 
De brasas y calibos hechos miedo,
de triste Cañadilla vacía, y humo,
y olor de desesperación,
y harto de rayos y truenos,
y de inocencia perdida,
y de gestores ancianos
que ven la vida desde azoteas de cemento.
 
Me llora el monte,
me sangra el pino y la carrasca.
 
De alcalde joven con lágrimas en los ojos,
de heróico pasaje, bombero y voluntario,
de anodina chispa que todo lo arde.
 
Me llora el monte,
me sangra y el pino y la carrasca.
 
Y al alba que fue la noche,
y la noche que fue el alba,
unos ojos,
abiertos,
un mensaje de esperanza.”
Víctor Guíu Aguilar, el Mestizo
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